sábado, septiembre 25, 2010

Autorretrato


Tengo el color de ojos de Rebeca Correa, mi abuela paterna. Tengo las pestañas lisas y chuzas de mi padre, la nariz en versión pequeña de él.
Saqué el color de piel de mi papá, como también la misma forma de los pies, la idéntica manera de tomar el tenedor y cuchillo para comer. La forma de mi boca también es la de mi papá.
Desde niña escuché que era igual a él. La única de los cuatro hijos que se parecía a su padre. Yo era una Cerda (mi apellido), no era Ruscica como mis hermanos.
Heredé también la ironía de él, el amor por los amigos, la pasión por la lectura, la extroversión, la personalidad para subirme a un escenario y animar cualquier cosa, el don de la conversación, la generosidad, la importancia de ayudar. Heredé también la facilidad para guardar rencor, para mantener anidada rabias por años. El valor y fuerza por defender mis ideales.
De mi madre quedó el valor de la familia, la caricia, el contacto, el tocarse, hacerse cariño. La pasión por la música, por entenderla, por cantarla, por tocarla. De mi mamá quedó la dulzura femenina. De ella quedó la fuerza y el poder de vivir.
De mí, de mis porrazos, de mis levantadas ha quedado la importancia de hablar, de decir las cosas, de no callar, de no temer reacciones.
La creencia de que no hay que dejar nunca de cruzar el puente, de arriesgarme, de seguir mis instintos.
De mí, ha quedado la valentía de enfrentar remolinos de viento que me han hecho caer, muy profundo, y luego pararme y seguir.
Tengo el mismo color de ojos de la Buely Rebeca, pero mis ojos ven y miran cosas muy distintas a las que ella vio.
Tengo los pies idénticos a los de mi papá, pero he pisado otros rumbos, con otros ritmos, con otras rutas.
La forma de mi boca también es la misma, pero han salido otras palabras de ella, con otras intenciones, algunas parecidas a él, pero con otros sentidos, con la mezcla de mi crecimiento, con la certeza que a pesar de los parecidos, soy otra persona, con otra historia, con otra sangre en el cuerpo. Con una mezcla entre Claudio Cerda y Amelia Ruscica, pero revuelta, con dosis de vida propia, con todo aquello que estos 40 años me ha dado y quitado.
Soy una mujer intensa, soy virgo, cariñosa, enojona, a veces y muchas veces soberbia, fan de Madonna y Barbra Streisand, preocupada por mis seres queridos, generosa, comprometida con aquello en lo que creo, cada cierto tiempo cambio el color de mi pelo, celosa, buena para dormir, sensible, relajada, artesana autodidacta, gritona, fanática de las reuniones familiares, conversadora, Admiradora de mi Nona, llorona, intolerante con las faltas de ortografía, rencorosa, adoradora de la luna, amiga fiel, trabajadora, amante a morir de cada amor que he tenido, desordenada, a veces compleja, a veces simple, querendona, leal, extrovertida, organizadora de juntas, fanática de la música, inconsciente por fumar, muchas veces, muchas soy feliz.
Esa mujer soy yo. Un retrato de yo.
Yo María Amelia Cerda Ruscica tengo el mismo color de ojos de la Rebeca Correa Labbé, pero mis ojos son distintos.


sábado, septiembre 18, 2010

2 Meses


En Enero se casó Claudito, te acuerdas que hablamos que quizás vendrías a Chile, que serías mi pareja ese día, que bailaríamos y estaríamos a mil toda esa noche y varias más de las que te quedarías por estos lados . Estabas tan emocionado, no podías creer que mi hermano se casaba.

Ya han pasado 9 meses de eso. Ya han pasado 2 meses desde que te fuiste muy lejos.

Qué loco, hoy se cumplen 2 meses, un 18, cuando lo único que hay es fiesta en todas partes. No he podido dejar de pensar cómo habrías celebrado este bicentenario en Barcelona, lo más probable es que vestida de china, con trenzas y falda floreada, pero con accesorios brillantes, glamour ante todo. Habrías cocinado empanadas, vino navegado, ensalada a la chilena, y habrías cantado el himno nacional poseído de añoranza por estar perdiéndote los 4 días de carrete non stop que se están viviendo en todo el país.

Lo más probable es que estás teniendo tu propia fiesta, y lo más seguro es que estás pasándolo la raja, quiero pensar que es así.

Mi Gordix precioso, que fuiste una fiesta hecha persona.

Pero fuiste/eres tantas muchas miles de otras cosas.

Muchas veces discutimos, muchas no te comprendí, muchas quise “guiarte”…

Y siempre después venía la paz entre los dos. Cada uno con su vida, cada uno con lo que creía era mejor para su vida.

Creo que fuiste más sabio, más grande, fuiste más.



Para tu cumpleaños del año pasado te escribí esto en mi blog, nunca me confirmaste si lo habías leído:



“Hoy está de cumpleaños mi gran amigo Gordix…

Él es mi amigo, hace más de 20 años. Es un hombre maravilloso, inteligente, tierno, creativo, humilde, sabio a veces, niño, adulto, sensible, dadivoso, culto, generoso. Un amigo de conversaciones extremas, y de entregas íntimas. De abrazos intensos, de carretes inolvidables, de besos robados, de lágrimas densas, de risas livianas, de confesiones dolorosas, de apoyos incondicionales. Él es mi amigo y lo amo con todo mi corazón. Lo extraño siempre. Lo extraño más hoy, que cumplió 40 años a miles de kilómetros, en un lugar que lo ha cobijado y entendido. Seguramente lo celebró con sus nuevos amigos, nuevos lazos que hoy disfrutan de su compañía.

Yo acá te extraño mi Gordix precioso, mi gran amigo, hermanito, compañero de tanta historia. Feliz Cumpleaños. Te amo mucho.”



Y ese eres tú para mí. Siempre.

Fuiste/eres muchas cosas, millones de cosas.

Gracias. Creo que nunca te di las gracias. Tú papá me recordó lo importante que es darlas SIEMPRE.

En Enero, cuando se casó Claudito, le regalé a él y su señora una canción, una de Presuntos Implicados “Cuando quiero sol”, la primera y última estrofa dice:



Estás a mi lado

Cuando llueve en mí

Cuando quiero sol



Gracias mi Gordix, no te vayas nunca de mi lado, porque yo no me iré del tuyo.

Te amo.




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