sábado, septiembre 22, 2007

La Suma de los Días



Creo que tenía 16 años cuando leí "La Casa de los Espíritus" (Isabel Allende). Y creo también que desde entonces la leo al menos 1 vez al año. Se transformó en uno de mis libros favoritos, sobretodo la primera parte, cuando Blanca del Valle era una niña.
Más grande leí en varios sitios que Isabel Allende era una novelista de mentira, que su libro era una copia de "Cien Años de Soledad" (novela con la que también aluciné, y leí con una árbol genealógico al lado), que todo lo que escribía no tenía contenido, en fin, miles de críticas que no lograba entender, porque a mí simplemente me había fascinado su primera novela, me volví un poco adicta a la lectura gracias a ella.
Creo que "los expertos" sabrán el por qué de sus opiniones. Yo soy una simple mujer que siempre está buscando alguna buena historia que leer, y que obviamente esté bien contada.
En mis día en el Fuerte Baquedano, visitando a mi hermana y familia, llevé conmigo "La Suma de los Días", su última novela, me la devoré. Me despertó nuevamente las ansias de escribir, de contar tanta historia guardada en mi cabeza, en papeles, cuadernitos, blocks, hojas revueltas.
Esa mujer, que ha vivido harto en sus años, me despierta un cierto instinto que hace que despierte tanta imagen y recuerdo oculto a voluntad e involuntario.
Me encanta Isabel Allende, a pesar de que algunos de sus libros no me llenaron. Me encanta la forma que tiene de contar las historias, me fascinan sus heroínas, sus historias, los conflictos, los paisajes que describe.
Me encantaría tener ese talento y disciplina para escribir.
Pero todo a su tiempo.
Con su último libro me regaló la inspiración que necesitaba para comenzar el proyecto que tengo que trabajar para plasmar la vida de la Nona, en un documental audiovisual que haré con Angel.
La Suma de los Días, un gran registro de la vida de una mujer. Una gran escritora. Una gran contadora de Historias.

domingo, septiembre 02, 2007

Tres Generaciones

Este fin de semana me detuve a observar lo maravilloso que es la convivencia que hay en la casa de mi Nona, somos 3 generaciones alrededor de la gran mesa del comedor, ella, mi Nona, mi mamá, la Cata y yo.
Desde que dejé mi pega tradicional, trabajo haciendo collares, los que se producen en ese comedor largo que ella tiene desde siempre. Estamos siempre todas sentadas trabajando, cada una en lo suyo. En la cabecera, la Nona, enrollando las cintas que mi mamá deja desordenadas, abriéndole los hoyos a las cuencas de madera. Mi mamá al costado derecho haciendo collares. La Cata en la otra cabecera cerrando los collares, haciendo aros. Yo en el costado izquierdo con un foco de luz directo a las miles de mostacillas que me dejan media nubosa la vista después de algunas horas.
De fondo música variada, Los Gipsy Kings, Barbra Streisand, Zizi Spose, Ana Carolina, Mecano, Celine Dion, Miriam Hernandez, en realidad lo que caiga.
Durante la semana, instalamos el televisor en una esquina de la mesa, nos cagamos de risa con la Dra. Polo, y después zaping, hasta llegar a Rojo, y la Nona no se cansa de reclamar por los hombres que ahí bailan y que no tendrán un lugar donde trabajar.

En esa mesa de trabajo pasan muchas cosas entre estas 3 generaciones:
- Sesiones de depilación comunitarias: bigotes
- Hacer y deshacer crespos
- Conversaciones ridículas, serias, profundas y de trabajo.
- Sesiones de manicure.
- Muchos café, jugo, y el constante pedido del "tecito" de la Nona.

Estas tardes de trabajo en esa mesa son tan íntimas, llenas de códigos de mujeres, de códigos de 3 generaciones de mujeres, con tanto en común, y tanto en diferente.

Qué suerte la mía. Trabajo con personas que amo. Aprendo tanto cada día. Escucho historias antiguas. Me río, me enojo, me desenojo, me emociono.
Así van mis días de trabajo.
Con 3 generaciones, en la larga mesa de comedor de la Nona.


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