
Mi amiga Mez se va este fin de semana a España de vacaciones. Le ofrecí prestarle una guía Michelín que compré cuando estuve por esos lares. Qué nostalgia sentí al revisar mis recuerdos de viajera, de turista.
Creo que el hecho de viajar, es casi el equivalente a hacer el amor. Estás llena de expectativas, hay altos y bajos, diferentes posturas, búsquedas, encuentros, sorpresas, descansos, agitaciones, experimentos...
He sido afortunada en ese sentido, tengo 35 años y me ha tocado viajar mucho, y ese mucho ha sido intenso, más allá de los circuitos de turismo establecidos. Cada uno de mis viajes ha estado cargado de estados diferentes, de energías complejas, de circunstancias, de destinos, del azar .
A los 15 años me fui a EEUU a la casa la Margie (hermana de mi mamá), fui al colegio, engordé 20 kilos, y hasta el día de hoy no tengo claro lo que hice. Las secuelas de ese viaje fueron mis vestimentas de Madonna (mucho encaje y pulseras plásticas) y mi amor incondicional hasta hoy por Prince.
A los 20 años me invitaron a Buenos Aires, mi “primer viaje fuera” de grande, disfruté una semana maravillosa junto a unos tíos y primos. Tengo en mi memoria los maravillosos capuccinos en Recoleta, helados italianos, la obra de teatro Brujas, que años más tarde fue producida en Chile.
A los 24 años recorrí Europa durante 3 meses sola con mi mochila en la espalda. Creo que dedicaré un capítulo aparte a esa experiencia, la merece.
A los 29 me gané 2 pasajes a Nueva York, e invité a mi mamá. Fue una experiencia alucinante, una ciudad fascinante y el encanto de encontrarme con mi mamá en un viaje a solas compartiendo cosas de amigas, de compinches. 10 días de huéspedes en un albergue de monjas cubanas, recorriendo a pie esta maravillosa ciudad llena de rincones y estilos, disfrutando del famoso Broadway con la obra “El fantasma de la ópera” y un inolvidable espectáculo en Off Broadway: The Blue Man Group.
A los 30 años me fui a trabajar fuera de Chile. Viví 3 meses en la excéntrica ciudad de Caracas, y luego fui transferida a la colonial ciudad de Guadalajara. Fue fuerte y apasionante. Descubrí que el realismo mágico existe, que ningún escritor latinoamericano lo inventó. Vive en los americanos, en aquellos que están más cerca del calor, que viven a altas temperaturas y que por eso son tan lejanos a nosotros.
Viajar, conocer, vivir en otras tierras, respirar otros aires, otras temperaturas, escuchar otros idiomas. Es una carga de energía que pocas cosas te da en la vida.
Mis viajes sucedieron sin que yo los eligiera, ni programara.
Cada uno de ellos tuvo su razón de ser y me los viví intensamente.
No sé cuando me subiré nuevamente a un avión.
Mi próximo destino lo tiene preparado la vida, y acá estoy preparada para partir donde ella me lleve.