martes, febrero 27, 2007

Página en blanco


Hace unos días comencé a leer Paula de Isabel Allende otra vez. Alguna vez regalé mi libro a alguien, y hace poco lo volví a comprar.
Me pasan algunas cosas mientras avanzo en esas páginas que ya siento familiares, y es que de alguna manera me conecto muy fuerte con la muerte, con la historia personal, con las decisiones de hacer públicas las intimidades, con la escritura, con mi necesidad absoluta de escribir, de contar historias, que nunca concreto.
Reconozco muchas de mis falencias gramaticales, escribo tal como hablo, lo cual no necesariamente es bueno, y me paralizo en ciertos puntos, como si algo dentro de mí bloqueara mi mente, mi guata y por sobretodo mis manos. Llevo cientos y miles de papeles acumulados en distintos cuadernos, blocks, carpetas, cajas, con la intención divina de ordenarlos y concretar algo con ellos, sin embargo, sigo acumulando más y más hojas. Hace meses escribo en un cuaderno amarillo, donde más bien, trato de reproducir los sueños que recuerdo al despertar, también inserto los papeles que me escribe Osvaldo en las terapias, llenos de dibujos y frases certeras, que en cierta medida son bastones que ayudan a seguir caminando. También escribo algunas sensaciones, temores, ideas. ¿Será otro cuaderno más sin terminar?

La cuestión es... voy avanzando, hay muchas ideas en mi cabeza, muchos caminos, no hay orden, sólo hojas que vuelan y a veces regresan y se quedan paralizadas por un tiempo.

Me mueven las emociones, me mueve la sangre, el frío, el calor, los temblores, los sudores, los olores, los encuentros con otros ojos, las formas de mover las manos. A mi alrededor a miles de mundos que me van enviando tanta información que no sé si soy capaz de retener tanta información, codificarla, aprenderla.

Mis páginas han tenido comienzos, pero aún hay una que está en blanco.


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