Un Día a la Vez.

El 25 de Junio comencé mi práctica profesional.
Ese día es el cumpleaños de la Pori. Recuerdo haber salido rápido aquella noche fría a las 9 y tanto rumbo a su casa para saludarla. Manejaba llena de emociones, preguntas, ansias. Había sido mi primer día en terapia.
Con 8 personas sentadas en círculo, presentándose y narrando en un breve resumen el por qué estaban ahí, lo que esperaban y cómo se sentían.
Escuché atenta y ansiosa cada palabra, no sé si logré retener tanta información en sólo 2 horas, pero ese día me conecté con mi esencia más profunda, esa esencia que tardó años en aparecer y que hoy me tiene plena.
Porque hoy estoy tratando de devolverle la mano a la vida, estoy tratando de darle una esperanza de vida a cada una de esas personas, una palabra de aliento, un cariño en la mirada, una pregunta para pensar y responder.
Llegué a este mundo con mucho amor. También con desamor. Pero prefiero quedarme con todo el amor que recibí siempre. Mi mamá fue el pilar de mi vida y soy hoy lo que soy gracias a ella. Tuve la suerte de crecer en un hábitat sano, siempre tuve todo lo que necesité y más. Las carencias se trabajaron en consultas de psicólogos ya cuando era mayor, pero en lo concreto, fui una persona que llegó a este mundo en un lugar afortunado.
Y hoy entiendo por qué siempre sentí ese bichito en mi corazón que no me dejaba tranquila en mi antigua actividad: la publicidad (generando necesidades para consumir).
Necesitaba devolverle a la vida aunque fuera en una expresión mínima y humilde todo lo que me había tocado a mí en forma aleatoria.
Desde el 25 de junio, tres veces a la semana, durante dos hora cada uno de esos días, mi vida gira en torno a otras personas a las que puedo ayudar para que tengan un proyecto de vida y no un proyecto de muerte.
Sé que puedo ayudar.
Estoy recién comenzando. Sé que falta mucho por aprender. Falta el carrete que sólo te lo da la experiencia, pero siempre hay un día para comenzar.
Un día a la vez. Eso dicen los AA. Y es muy cierto. Un día a la vez.
Hoy sólo puedo sentirme orgullosa de mí. De haberme atrevido a cruzar el río y comenzar otra vez. Y coño que estoy orgullosa.



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