Qué se hace con una mochila cuando pesa tanto?
Anoche fue duro. Lloré por interminables minutos, mirando desde la ventana de mi pieza hacia la cordillera, y con la voz de Paulsen de fondo analizando las noticias. Sintiéndome muy sola, con la sensación de ser una niña abandonada. Con la necesidad absoluta de tener a mi mamá al lado y que simplemente me acariciara el pelo.
Razones:
La culpa... y la clara iluminación nocturna de sentirme presionada por tantos frentes, sintiéndome tan lejos de la libertad que me asusté.
Porque entendí que en forma inconciente busqué y atraje muchos compromisos de los cuales me sentía atada, y a los cuales tenía que responder.
Odio tener que enfrentarme a autoridades.
Tengo serias inseguridades frente a las autoridades. Sin embargo hay un imán interno que hace que siempre haya al menos una a mi lado.
Lloraba porque quería huir. Quería escapar de una cárcel interna que me estaba ahogando. Que me ahogaba en esos momentos y de la cual aún no tengo la salida.
Extrañé no tener mi terapia, saber que tendré que salir de esto sola, y de pronto una pequeña especie de crisis de pánico (que no fue tal), pero que me hizo pensar algunas dramáticas soluciones que rápidamente descarté.
Pienso en Chiloé nuevamente.
Pienso en algún lugar lejos.
Pero me acuerdo de la mochila. De la mochila que cargo y que estará en cualquier lugar que vaya.
Está menos pesada que años atrás. Pero ahí está aún con varios kilos de sobrepeso.
Razones:
La culpa... y la clara iluminación nocturna de sentirme presionada por tantos frentes, sintiéndome tan lejos de la libertad que me asusté.
Porque entendí que en forma inconciente busqué y atraje muchos compromisos de los cuales me sentía atada, y a los cuales tenía que responder.
Odio tener que enfrentarme a autoridades.
Tengo serias inseguridades frente a las autoridades. Sin embargo hay un imán interno que hace que siempre haya al menos una a mi lado.
Lloraba porque quería huir. Quería escapar de una cárcel interna que me estaba ahogando. Que me ahogaba en esos momentos y de la cual aún no tengo la salida.
Extrañé no tener mi terapia, saber que tendré que salir de esto sola, y de pronto una pequeña especie de crisis de pánico (que no fue tal), pero que me hizo pensar algunas dramáticas soluciones que rápidamente descarté.
Pienso en Chiloé nuevamente.
Pienso en algún lugar lejos.
Pero me acuerdo de la mochila. De la mochila que cargo y que estará en cualquier lugar que vaya.
Está menos pesada que años atrás. Pero ahí está aún con varios kilos de sobrepeso.



3 Comments:
Pues me he sentido igual y no estoy en la mejor de mis épocas anímicas, a pesar de que en el amor va todo muy bien... es ese resabio que nos queda de la mochila que a veces nos gusta llevar...
Ánimo, aunque no tengo autoridad moral para decirlo... Sabemosque después de la tormenta viene el sol,eso eslo lindo de la vida...
Deja que los astros se acomoden para ti, para que llege tu dia, seras el centro del universo.
y que tal que un día cualquiera, te decides a vaciar un poco esa mochila?
seguramente habrá dentro muchas lágrimas, muchos pendientes, muchos siniestros sin solución y sobre todo mucho que ya no sirve y has guardado olvidándote de eliminar los cacharros...
ánimate, estoy segura que después de esa primer batalla, podrás avanzar un poco mas, y hacer una próxima parada y volver a vaciarla....
Tiempo al tiempo...
un beso:)
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